
Llegas a casa, le das al interruptor del salón y algo no encaja. La misma lámpara que en julio pasaba desapercibida ahora te deslumbra. No es cosa tuya. En verano entras con los ojos hechos a la luz de la calle y el techo apenas se nota; en octubre entras desde la oscuridad y esa luz te cae encima de golpe.
El cambio de hora no cambia tu casa, cambia el rato en que la usas. A partir del último domingo de octubre pasas la tarde entera con la luz dada, y lo que en junio eran un par de horas se convierte en cinco o seis.
La buena noticia es que para iluminar la casa en invierno casi nunca hace falta cambiar de lámparas. Hace falta repartir la luz de otra manera: menos techo, más puntos bajos y la temperatura de color que le toca a cada sitio.
En corto
- El techo solo no da una casa agradable: dos o tres puntos de luz por estancia.
- Luz cálida de 2.700 K a 3.000 K en salón, dormitorio y entrada.
- Luz neutra de 4.000 K donde haces cosas: cocina, baño y escritorio.
- Por la tarde manda la luz baja: lámpara de pie, de mesa, tira bajo el mueble.
- Si solo vas a hacer una cosa, pon luz debajo de los muebles altos de la cocina.
Tres luces, no una
La mayoría de las casas españolas tienen un punto de luz por habitación, en el centro del techo, porque así se electrificaron. Con eso tienes luz para no tropezar, pero no tienes una casa en la que apetezca quedarse.
Lo que cambia una estancia es tener tres capas y poder elegir.
La general es la del techo. Sirve para ver el conjunto, para limpiar, para buscar algo. Es la que menos vas a usar por la tarde y la que más molesta si es la única.
La de trabajo es la que va donde pasan cosas: encima de la encimera, al lado del sillón donde lees, sobre el espejo del baño. Tiene que caer sobre la tarea, no sobre tu cabeza.
La de ambiente es la que enciendes a las siete y dejas puesta hasta que te acuestas. Una lámpara de pie en una esquina, una tira detrás del mueble del salón, un aplique bajo. Es la que hace que la casa parezca otra.
La regla práctica para la tarde: enciende primero las bajas y añade techo solo si te falta. Casi siempre no te falta.
Salón: baja el techo y sube las esquinas

El salón es donde se nota más el cambio de hora, porque es donde pasas la tarde. Si enciendes solo el plafón central, la habitación se queda plana y las paredes oscuras, y la sensación es de sala de espera.
Prueba lo contrario. Una lámpara de pie en la esquina detrás del sofá, otra de mesa al lado donde te sientas, y si tienes mueble bajo o estantería, una tira LED de interior escondida en el canto que bañe la pared. Con tres fuentes bajas ya no necesitas el techo salvo para limpiar.
Temperatura cálida, de 2.700 K a 3.000 K. Y si la tele es el centro de la tarde, deja siempre algo encendido detrás o al lado: ver la pantalla a oscuras cansa la vista mucho antes.
Cocina: el problema es tu propia sombra

En la cocina casi todo el mundo tiene la misma pega sin haberla identificado. La luz está en el techo, tú estás de pie frente a la encimera, y tu cuerpo tapa justo la tabla donde cortas. Puedes tener mucha luz y seguir cortando a oscuras.
La solución es poner luz debajo de los muebles altos, pegada a la pared, para que caiga sobre la encimera por delante de ti. Las regletas bajo mueble son el cambio con mejor relación entre lo que cuesta y lo que mejora, y se instalan en una tarde.
Aquí sí interesa luz neutra, 4.000 K, porque quieres ver el color real de los alimentos y leer etiquetas pequeñas. En la mesa o la isla, si hace de comedor, baja a 3.000 K.
Dormitorio: dos luces y ningún foco a la cara

El dormitorio pide poca luz y bien colocada. Lo que no funciona es un único punto en el centro del techo: lo enciendes para acostarte y te deslumbra tumbado.
Con dos apliques de pared o dos lámparas a los lados de la cama, cada uno con su interruptor, el problema desaparece. Si puedes, añade una tira muy tenue en la base de la cama o en el pasillo hasta el baño: para levantarse de noche es suficiente y no te despierta del todo.
Siempre cálido, 2.700 K. La luz fría en el dormitorio te espeja la cara en el armario y te quita el sueño: por la noche, la luz blanca y fría retrasa el momento de dormirse.
Baño: luz al lado del espejo, no encima

Si te maquillas o te afeitas con la luz justo encima del espejo, trabajas con sombra bajo los ojos y bajo la barbilla. La luz tiene que venir de los lados, a la altura de la cara.
Dos apliques verticales a ambos lados del espejo, o uno horizontal ancho pegado al marco, resuelven casi todas las quejas de baño. El techo lo dejas para la ducha.
Neutro, 4.000 K, y con buena reproducción de color, porque es la única estancia donde te juzgas la cara. Y mira el grado de protección: dentro de la ducha o justo encima necesitas IP44 como mínimo.
Entrada y exterior: que la casa te reciba encendida

Es la parte que casi nadie toca y la que más se agradece en invierno. Llegas de noche, abres el portal, y la diferencia entre entrar a una casa oscura y entrar a una casa con un punto de luz puesto es enorme.
En el recibidor, cálido y bajo: un aplique de pared a la altura de los ojos vale más que un plafón. En el portal, el jardín o la terraza, un aplique de exterior que tire luz hacia arriba y hacia abajo marca el camino sin deslumbrar al vecino, y si no tienes cableado fuera, un punto de iluminación solar te saca del apuro sin obra. Y si quieres que la luz se encienda sola al llegar, añade un sensor de movimiento.
Fuera, mínimo IP44, y mejor IP65 si le da la lluvia de frente.
Iluminar la casa en invierno, de un vistazo
| Estancia | Temperatura | El cambio que más se nota |
|---|---|---|
| Salón | 2.700 K a 3.000 K | Dos lámparas bajas en vez del plafón |
| Cocina | 4.000 K en encimera, 3.000 K en mesa | Luz bajo los muebles altos |
| Dormitorio | 2.700 K | Un punto a cada lado de la cama, con su interruptor |
| Baño | 4.000 K | Luz a los lados del espejo, no encima |
| Entrada y exterior | 2.700 K a 3.000 K | Un aplique de pared encendido al llegar |
Tres cosas que marcan la diferencia
Los lúmenes que pone la caja no son siempre los que llegan al suelo. Entre el chip LED y la luz que sale de la luminaria se pierde una parte en la óptica, en el difusor y en el calor. Por eso, cuando compares, compara los lúmenes de la luminaria terminada, no los vatios ni los lúmenes del chip.
El IRC decide si tu casa se ve bonita. Es el índice de reproducción cromática (CRI en inglés), de 0 a 100, y mide si los colores se ven como son. Por debajo de 80 la madera se apaga, la comida pierde color y la ropa cambia de tono. Para vivienda, busca 80 o más, que es además el mínimo que la normativa europea exige a la mayoría de las bombillas; en cocina y baño, cuanto más alto mejor.
El interruptor importa tanto como la lámpara. Tres puntos de luz en el mismo interruptor son un solo punto de luz. Si puedes separar circuitos, sepáralos; y si no puedes tocar la instalación, resuelve con lámparas de enchufe, que se encienden una por una. Es la parte más barata del proyecto y la que más cambia el día a día.
Si vas a aprovechar para cambiar bombillas, la calculadora de ahorro LED te dice cuánto baja tu factura este invierno y qué bombillas necesitas.
Las dudas que más se repiten
¿Qué temperatura de color pongo en el salón?
Entre 2.700 K y 3.000 K, luz cálida. Es la que se parece a la bombilla de siempre y la que hace que la madera, los textiles y la piel se vean bien. Reserva los 4.000 K para cocina, baño y zona de trabajo, donde necesitas ver con precisión. Lo que conviene evitar es mezclar tonos en la misma lámpara o entre los focos del mismo techo. Lo tienes explicado en la guía de temperatura de color.
¿Cuántos lúmenes necesito por habitación?
Como referencia para vivienda: unos 100 a 150 lúmenes por metro cuadrado en salón y dormitorio, y 250 a 300 en cocina y baño. Un salón de 20 m² pide del orden de 2.500 lúmenes repartidos entre varios puntos, no concentrados en uno. Reparte siempre antes de subir potencia.
¿Puedo poner luz bajo los muebles de la cocina sin obra?
Sí. Las regletas bajo mueble se fijan con clips o con dos tornillos, las tiras LED van pegadas con su adhesivo, y unas y otras se conectan a la corriente sin hacer obra. Lo único que conviene medir antes es el largo útil de cada tramo de mueble y mirar dónde tienes la toma más cercana.
¿Qué IP necesito para el exterior?
IP44 si la luminaria está protegida por un alero o un porche, e IP65 si le entra la lluvia directa. El primer dígito es el polvo y el segundo el agua, así que en terrazas y jardines el que te interesa es el segundo. Dentro de la ducha, IP44 como mínimo.


